9 de septiembre de 2012

Teoría de la clase ociosa - Thorstein Veblen 2004

El ansia por la apariencia nos lleva a la imitación de las clases superiores incluso en aquellos momentos en que no podemos permitírnoslo.

Veblen, T. 2004. "Teoría de la clase ociosa. Alianza Editorial. Madrid. 1ª Ed. Original 1899.

 

Veblen es un institucionalista, lo que quiere decir que para él, la conducta del ser humano, lejos de ser racional, se ve condicionada por los hábitos sociales. El paso del tiempo y la repetición de estos hábitos son el principal motivante de nuestras actuaciones.

En la Teoría de la clase ociosa la idea fundamental es muy sencilla, la evolución del ser humano nos ha llevado a una sociedad en la que lo importante es la apariencia y, por tanto, para ser honorable se debe aparentar que se es honorable.

Veblen parte de una visión de las sociedades primitivas en las que la honorabilidad se ganaba a través de las proezas. La actividad humana se dividía fundamentalmente en acciones productivas (cultivo, recolección, etc.) y proezas (caza, guerra, robo). Las proezas conllevaban la modificación de una energía, casi siempre en contra de su voluntad, para satisfacer un objetivo propio. Se entenderá que recolectar raíces difícilmente puede categorizarse como proeza a diferencia de cazar un gran hervíboro que pondría en peligro la vida del cazador.

Trabajo: "esfuerzo que se dedica a crear, a partir de la materia pasiva (bruta), una cosa nueva a la cual se le da una nueva finalidad gracias a la mano moderadora del artífice." (Pp. 39).

Proeza: "en la medida en que se produce un resultado útil para el agente que la realiza, consiste en enderezar hacia los fines de éste energías que antes habían sido dirigidas a otros fines por otro agente." (Pp. 39).

Con el paso del tiempo, la caza se vuelve prácticamente innecesaria, gracias a la innovación tecnológica. Paralelamente el pensamiento de que lo productivo no es honorable se va desarrollando más allá del absurdo. Lo respetable es aquello que no es productivo, y el trabajo es propio de las clases bajas.

Así, Veblen va presentando ejemplos que apoyan lo comentado como los corsés de las mujeres, que les impiden cualquier esfuerzo físico y por tanto trabajar, el derroche en regalos o productos inútiles (consumo u ocio ostensibles) que envían una claro mensaje de la buena situación económica de quien lo realiza, etc.

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